El trabajo sobre la autoestima es un trabajo permanente en el ser humano, ya que por su propia naturaleza los humanos tendemos siempre a un estímulo de superación.
El amor a sí mismo se forma en la infancia. Si el niño es aceptado y va sintiendo que los logros que va consiguiendo son aceptados por el adulto, el va creando una imagen de sí mismo de buena autoestima y los retos a los que se enfrente día a día podrá resolverlos simplemente con la consiguiente incertidumbre que crea aprender algo nuevo, pero sin más dificultad.
La información que haya recibido en la infancia se perpetúa hasta que te hagas consciente de dicho patrón de comportamiento y aprendas a cambiarlo.
Cuando el niño no se siente aceptado, ó a sido regañado en exceso, ó no estimulado lo suficiente, es decir sus padres no se han ocupado de valorarle sus logros. El adulto por mucho que se esfuerce seguirá sin sentir que es valorado.
El adulto en este caso se irá haciendo perfeccionista y se exigirá mucho es decir se polarizará al otro extremo para compensar su baja autoestima. De este modo crea una tensión excesiva pero su baja autoestima seguirá siendo la base de su personalidad hasta que no cambien su estado.
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